Viejo balcón

Balcon
Viejo balcón, tras sus vidrieras movía imperceptiblemente, la cortinilla de vaporosa tela, una eterna solterona que se solazaba viendo aquel amor que ella nunca pudo vivir; dejando escapar gruesas lágrimas, sufría aquella eterna soledad, aquel vacío del alma, aquella falta de caricias que ella tanto deseaba y convulsivamente soltaría la cortinilla para correr a su cuarto y sobre la bien tendida cama, desfogaría en lamentos su cruel desventura.

Viejo balcón, donde vieja chirmolera espiaría el quehacer de sus vecinos, para tener el chisme caliente que contar con otras rapaces lenguas viperinas que despellejaban honras y dignidades. “Tras los cristales cerrados, los tambores de una tos”, dice un poeta español, al referirse a lo que escapa de los viejos ventanales de otoñales balcones.

Viejo balcón, sultán de la simetría pluscuamperfecta, que has visto anocheceres de gloria y amaneceres de penas. Viejo soldado que llora con lágrimas de herrumbre, el olvido egoísta de la humana especia. Viejo balcón, tú y yo hemos ido envejeciendo, pero como los robles estamos erguidos ante la infamia y la traición.

Viejo balcón, desterrado y doliente, eres ya como yo, un extraño del tiempo. Deja que me aferre a ti y seamos pasajeros en tránsito hacia el olvido, tiempo que a ti te llenó de óxido y a mí de nostalgias. Viejo balcón, mírame como un poeta vagabundo sin techo ni lecho, aterido de frío y desnudo del alma, haré un soneto que llore el requiscat de los tiempos idos.

(Extracto de Viejo balcón, Francisco Cajas Ovando)

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