Vacío

Banco en el campo
Nada. Nadie.
Un desleal tú resuena
en mi vieja piel
y la soledad sabe
a Coca-Cola solitaria
sentado en un banco,
y al recuerdo de todas
las terrazas donde
nos bebíamos las sonrisas
con cerveza y limón.

Estoy vacío de caricias.
No me llama otra voz
que la mía,
que me recuerda
que estoy solo.
Castigado, de cara a la pared,
donde, con las uñas ensangrentadas,
cuento los días de condena;
los días que quedan
hasta reunirme con mis muertos;
aquellos que me hicieron
solo.

Muevo la cabeza a un lado y a otro,
y la nada me sonríe burlándose de mí…
y no veo nada… no te veo…
¿Me habré quedado ciego?
No… Solo, tengo miedo.
Miedo de que el reloj siga
avanzando y coloque
más ladrillos en tus ojos.

Miedo de que mi sonrisa
se fosilice junto a tu recuerdo.
Y sigo sin saber,
cómo parar esta sangría
de días muertos, de días sin esperanzas
de días sin ti, de días acompañado
por la nada, por nadie.

(Michel Richelieu)

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