Templo sumergido

Templo sumergido
El Nautilus es una nave submarina alumbrada por cirios derretidos,
Un templo sumergido en un mar de sombras, perdurables.
En su altar oblongo está crucificado mi padre
En el casquete polar antártico.
La sangre de sus llagas mana todas las noches a las 2 P.M.,
Hora del Lobo.
El Nautilus es también una ciudad como las vuestras
y podemos perdernos en sus calles buscando la ausencia
O reinventar el amor en cada farola lúgubre,
De cada bulevar termo y salado,
Bajo la protección de las increíbles floridas marinas.
Cuando el Nautilus navega a través de su nómade neblina,
Lo anuncia el vuelo fantasmagórico y lacerado
De las mariposas nocturnas negras,
Una plaga alada por cabos y penínsulas,
Oscureciendo más la ya oscura oscuridad de los mares
La ciudad sumergida donde ahora yazgo,
Es un eco inasible
De otras tantas ciudades sacrificadas.
Por eso, en el prólogo de la muerte,
Me alejo de las urbes
Y después de contemplarlas
Desde las cumbres de los montes aledaños,
Me sumerjo en el Nautilus a la piedad del suicidio.

(Tomas Harris)

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