Tarde de domingo

Tarde de domingo
Preguntas: “¿Cómo estás?” Si te dijera
“triste” no diría verdad, que no es tristeza
esta hondura de tiempo, este sentir
el tiempo ya vivido, usada y vieja
ya la tarde, gastadas y raídas
estas horas como una ajada prenda
“de andar por casa”… No estoy triste.
Hoy tengo, justa y clara, la videncia
de esta tarde porque ya la he vivido,
no sé dónde ni cuándo, pero entera.
La conozco. Sé que hoy no habrá sol
y sé que no habrá brisa. Tolvaneras
vendrán de abajo arriba, levantarán
del suelo papeles de meriendas
olvidadas, polvo terroso y ocre
con el aroma de naranjas secas
y llevarán las horas de este viernes
hacia una tarde de domingo inmensa.
Sé que habrá de sonar en algún lado
una campana reidora y terca…
(la campana es un ser contradictorio,
importunando sin cesar la pena
o lastrando de hondura la alegría).
Ya de azafrán el cielo, por las desiertas
calles de la ciudad, doblando las esquinas
a tanteos, irán las horas ciegas.
Hoy me quedaré en casa inventando
quehaceres imprevistos… Si vinieras
¡podrías ayudarme en tantas cosas!
Volveríamos este viernes a su esencia
de día de trabajo. Con nuestras manos
haríamos un nudo a la campana terca
hasta dejarla muda, colgando de la torre
como un ajusticiado de su cuerda
y, si quedara tiempo aún, me ayudarías
a zurcir esta tarde tan lastimosamente vieja.

(Viernes de domingo, Nuria Parés)

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