Sólo un cerrojo

Cerrojo
Era un extraño cuadro sin sentido,
en el que aquel artista había pintado
un cerrojo de hierro envejecido
sobre un madero azul deteriorado.

No se sabía si el cerrojo era
la defensa de un hombre solitario,
o la esperanza de encontrar afuera
algún mundo feliz imaginario.

Era una obra misteriosa y fría,
como nacida de una mente insana,
y en realidad sólo su autor sabía
si era una puerta o era una ventana.

Podía ser una triste despedida,
o un recuerdo feliz atesorado,
porque al mirarlo nadie comprendía
la realidad de su significado.

Pero era tan real y tan perfecto
aquel cerrojo viejo y oxidado,
que hacía sentir algún extraño efecto
a cuantos se paraban a su lado.

Nadie mostraba indiferencia al verlo,
sino vivo interés en observarlo,
ansiando algunos poder descorrerlo,
y otros con su mirada reforzarlo.

Pecando de furtivo y de indiscreto,
pensé que aquella idea tan profunda
debía guardar, sin duda, algún secreto
que su pintor se llevaría a la tumba.

Y mientras meditaba pensativo,
entre abstraído, absorto, e inspirado,
pude notar que, un tanto entretenido,
un hombrecillo sonreía a mi lado.

– Soy el autor, y esta es mi humilde muestra.
– dijo tras observarme de reojo –
No existe nada detrás de esa puerta.
No le de vueltas. Sólo es un cerrojo.

(José M. Moreno)

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