Sola

La torre
Solo, solo, muy solo, oigo sólo el paso repetido lento de la frágil manecilla del tiempo.
Solo, solo, muy solo, veo sólo la sombra pálida oscura, de la noche taciturna, sin la estrella y sin la luna.
Solo, solo, muy solo, como en el ocaso la torre de la iglesia vieja, con la campana muda, oxidada en tristeza, escalada por la hiedra del olvido, en la que un ave lúgubre de muerte dejó su nido.
Solo, solo, muy solo, y dentro, muy dentro, del alma en lontananza, el corazón palpita, se pone el sol, nunca la esperanza, y Dios soledades habita.

(Jairo Alberto)

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