Sin público

Salón de actos
El mismo poema de siempre,
rabioso, melancólico,
con desganas de ser y estar,
altanero, maldito,
triste como la soledad
de un mimo sin público,
con matices de alegría y fe.

Mudo; de tanto gritar en silencio…

«La poesía no necesita de adeptos,
sino de amantes»

(Mayako)

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