Preámbulo

Puesta de sol
Ya volvieron.
La melancólica quietud
de unas cuartillas blancas,
hadas encantando paisajes,
montañas, estrellas, mar y noches;
siendo silencios eternos…
hablan.
Mas sus hechizos rutilantes,
como efluvios de felicidad,
convierten la imaginación en magia.
Sólo mar, ¿pues qué es el cielo?
sólo nube y mar; son uno.
Desde la cumbre,
desde la nube se domina el sol,
casi lastimado por las estrellas;
moribundo…
¡Se domina el mar!
Se domina el mar entre montañas en sombra.
Se domina el mar.
Lo sé, nunca estuve allí,
pero tú me lo dijiste.

¿Has visto el mar derramarse en la orilla?
¿Has sentido la caricia de la espuma
Y la blandura leve de la arena infinita?

Arriba, en lo alto, un sol tenue expira.
Abajo, las velas blancas se agitan
Y exhalan suspiros de sal.
Velas amplias que se esconden en un punto,
Navíos trémulos que se alejan tras las olas,
En el viento, bajo las nubes, sobre el mar.
Conchas rotas que el agua mece y esparce
Y transporta y olvida en algún lugar.
Tal vez en un bolsillo, en una mano distraída,
Quizá en la mano ungida,
O sobre un pecho inexperto traspasado de coral.

Lápiz primogénito de una niña
Que persigue la silueta de su sombra.
Eco eterno de su cuerpo,
De su corazón, de su alma, de su vida toda.
Dilatada o estrecha como un iris,
Atrás, de lado, en contra…
No siempre visible.
¿Has visto derramarse el mar sobre sus pies?

(Nuria del Saz)

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