Pozo sin agua

Cabina
Me estoy convirtiendo en estatua,
y mis manos y mis piernas
dejaron de moverse
y mi piel es roja y huele a tierra seca.

Por eso tengo húmedos los ojos,
escucho llover adentro,
estoy hueco,
soy un pozo ,
donde escucho retumbar
el eco de tus palabras.

¿Qué son tus palabras?
¡Palabras! Voz, letras habladas.
No, son sombras,
son ecos,
son copias falsas que nos siguen
como fantasmas,
que se pliegan a las jambasde las ventanas.
¿Dónde dejo tus palabras? ¿Cómo hago para olvidarlas?
Déjame con ellas en una banca destrozada
…a la cabina de teléfonos.
¿A quién llamarías entonces?
Al tiempo, al destino y a la causalidad.
Ah, si los hubieras escuchado antes,
el tiempo te habría enseñado a esperar.
Pero la espera es una enfermedad caprichosa,
que se aleja a voluntad.
No quiero la espera, ni el olvido, ni a ti siquiera.
¿Entonces, qué buscas con esto?
Busco la vida,
¿sabes dónde está?
Entre la los moribundos,
porque son ellos los que la aprecian.
¿Cómo reconozco a un moribundo?
¿Los conoces?
¿Dónde viven?

En las calles,
en los supermercados,
en las plazas y en los bares:
son los ebrios sentimentales,
que beben para aliviar su dolor.
¿Soy yo un moribundo? ¿Eres tú?

Lo somos de jueves a martes,
entre tiempo y tiempo,
en descansos intermitentes de lo que sabemos.

Y el resto del tiempo estatuas,
goteando tiempo y soledad,
sal sobre aceras,
restos de café y de yerba,
pozos sin agua.

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