Paraguas

Resguardado

 

El paraguas es una flor que se abre con la lluvia

Se humedece más que el amor en los bulevares de una

noche de invierno.

Cuando los amantes se separan el paraguas llora en un

rincón junto a sus pares cerrados como murciélagos

dormidos.

No le teme al zigzag de la daga con que amenaza el rayo

ni se inmuta ante la voz tronante de la tormenta. Hace

buenas migas con la garúa, a quien tiene por mojabobos,

llamándola chirimiri o chipichipe.

En las estaciones secas el paraguas permanece mustio, se

conduele de los desiertos, de los páramos, de la orfandad

de los hombres del campo: “corazón de agua,/ corazón

de tierra,/ ay que pequeñita/ se quedo mi siembra”.

Los hongos enanos sueñan crecer y volverse paraguas. Es

curioso verlos, después del temporal, de lo mas frescos,

limpios, vestidos de blanco.

Los parasoles son su familia, pertenecen a otros climas, se

abren cuando el Sol esta en plenilunio dorado y el aire

se guarece bajo sus alas para proporcionar sombría y

refrigerio.

Nada mas semejante a mi melena que un paraguas en una

mañana coronada de nieve.

Pobres paraguas míos, descendidos de cielos remotos,

colgados del perchero como oscuros murciélagos,

paraguas con los que recorrí calles adoquinadas, caminos

de herradura, pasadizos perdidos, paraguas que duermen

en soledad y sueñan con una nube negra y gorda,

dispuesta a abrir sus represas sobre Lima, la dorada

Lima, donde no llueve y esta tarde me quita las ganas de

vivir.

(Arturo Corcuera)

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