Minerva

Minerva
Sí, era la mismísima Minerva, pero qué diferente de lo que era cuando aparecía armada en los campos dárdanos! Ya no era como aquella que apareció bajo el buril de Fidias: el terror de su frente temible había desaparecido; su inútil égida ya no mostraba la Gorgona; su casco estaba golpeado y su lanza rota parecía débil e inofensiva incluso a ojos de los mortales. La rama de olivo que aún deseaba sostener, se secaba al contacto de su mano; sus grandes ojos azules, todavía los más bellos del Olimpo, estaban bañados en celestes lágrimas; la lechuza revoloteaba en torno a su casco dañado y unía sus gritos lúgubres al dolor de su ama.

(Lord Byron)

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