Martes

Reja
Hoy mi día empezó temprano y extraño, todo es extraño.
No encuentro ni el tiempo ni la voz, añoro como nunca la noche anterior,
Las lámparas bañadas de complicidad y de secreto, tu calle silenciosa, tus plantas salvajes, caminar tomado de tu mano como un niño, tomar tus brazos, charlar de nubes, de las tardes, hablar de los días. Despedirme interminable e interrumpirte, cantar palabras que saltan, no irme. Tomar en un segundo el valor que acumule en un año y solo tomarte, mirarte.
Me quede soñando desde ese instante, con el parque, los columpios, las estrellas, el desfile de aviones que te organicé y hasta el ave que te despierta y te he mandado a cantarte. La poesía tiene tu marca y ahora nunca será igual a antes de que la escucharás, ahora no es la misma, esta vacía, se ha ido.
Te pertenecen los martes, tenías razón con tus teorías flotantes, y aunque renuente ya no importa cosa que yo diga, lo que yo diga tiene tu imagen. Quise también quedarme o llevarte, hacernos una vida, hacernos una cama en la banqueta, una almohada con tierra… una carretera con carritos.
Mi cerebro se ha empeñado en hacerte una pintura, tomo los muros de tu casa, la reja de tu puerta, las piedras de tu calle, tus palabras de la suerte y las almendras de tus ojos que me vieron acercarme. Este era mi miedo a allí dejarte, que de un día al otro nos volviéramos extraños, que no viera de nuevo el esfuerzo de estos años, que tu mano se volviera fría, que las tortugas de los puntos que dibuje en tu cara tuvieran alas, que ya no me miraras.
Pero eso sí, ese beso efímero e instantáneo no se lo llevaran los años, permanecerá en mis labios tatuado, en mi sangre fluyendo… en mis ojos llorando.

(Jaen Peña)

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