Maremagnum

Mare magnum
Ahora que hemos impregnado las retinas con adobes,
con redoble de tambor
hay que anudar tentaciones
o exiliar la rabia en el fragor.

Tanta reticencia en la mordaza
negociando peros y porqués,
que ahora portamos vendas en los ojos,
con enjambres de babosas
tutelando la razón.

Hay un vacío mutilado en cada herida
y estandartes implorando sanación.

El paracaídas de Altazor yace mudo entre despojos,
-cual renuncia-
que se extiende en improntas disecadas,
como fuego entre algodón.

Una sonrisa estúpida agoniza en las axilas.

Con aromas de metafísica y tabaco reciclados,
-mísera pastilla de jabón destituido-
resume el dolor Pessoa,
entre las fauces del ciclón.

De cebolla,
las nanas de Hernández, hacen ecos y renuncias,
-sabor a sangre derramada-
como lluvia estéril en fronteras miserables.

El verso desgrana moribundo sus estigmas en patíbulos,
donde suenan incansables carcajadas de aluminios y cartón.

(María Isabel Sánchez Vizcaíno)

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