Lavaderos

Lavadero

 

Qué jóvenes llegamos aquí, a los grandes lavaderos,

donde vimos por primera vez a la hija del rey

descargando su ajuar, jugando con sus compañeras.

Aquí, donde las esposas y las hijas trajeron

sus magníficos vestidos, antes y después de la guerra,

donde vimos tantas veces llegar los carrros del mundo

con las sábanas de la vida y de la muerte,

los manteles y las toallas, las vendas y sudarios.

Qué jóvenes llegamos aquí, a los grandes lavaderos,

donde también nosotros trajimos nuestra carga:

el tul sangrante, el paño ardiente de la fiebre,

la seda manchada por el pólipo del deseo.

Qué jóvenes llegamos aquí, oh dios de los lavaderos,

y cómo tratamos de borrar toda mancha,

cómo luchábamos vanamente contra lo indeleble,

hasta que extenuados nos dormíamos sobre las peñas

y soñábamos con una tela incorruptible, con su agua inmaculada

(Horacio Castillo)

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