La hierba seca

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Fue la hierba seca de los sueños

Quien incendió la niñez

Y se marchó bajo la lluvia.

Fue el dolor de los años

Quien mostró el camino

Para morirnos sin decirlo.

Fue la angustia de los tiempos

Quien acercó los minutos

Y se quedó con tu vida.

Sé que subió por las nubes aturdidas,

Por las lágrimas del silencio,

Por el dulce de las promesas,

Por los besos inundados de recuerdos.

Se, también, que rasgaba la guitarra de la melancolía,

En el vergel de tu ombligo, y que se negó a navegar,

Por el oleaje incontenible de la noche que caía por tu espalda.

Se quedó con la sangre de la primera vez

Y como un tigre delirante esperó al cazador

Para pagar sus culpas. Para que su cabeza cuelgue

En la sala de un coleccionista.

 

Fue la hierba seca de los sueños

Con su lengua erótica

Quien fabricó las ilusiones.

Y yo dejé que las aguas fueran cómplices y me aferré a ese oxigeno.

Al comienzo con la filosa seducción de la muerte.

Después: fingiendo cortesía en la foto patética de la fiesta de un sobrino idiota.

Al germinar el alba: la saliva de la noche anterior, el mal aliento enmascarado de sonrisa y el rostro sin cosmetología, traducía: amor.

Al florecer la noche: los reproches familiares, los hijos no planeados y los graznidos de la suegra, significaba: multiplicar por cero el amor.

 

Fue la hierba seca de los sueños

Con su poesía inclemente

La que me vació por dentro.

 

Atravesaré el desierto de las utopías con el alma descalza

Hasta que la sangre hirviente de los esperanzados

Alimenten la fiesta interminable de los soñadores.

Yo, entre otras cosas, seguiré amándote

(Osmen Wiston Ospino Zárate) 

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