La farola

Nocturnidad

La farola de la calle está cansada de noches.

La farola siempre está ahí, inmóvil, alerta.

La farola tiene siempre la misma cara, oculta sus pensamientos.

La farola conoce a todos los vecinos.

La farola sabe de traiciones.

La farola se aprendió la canción de los borrachos.

La farola, cuando se enciende por la noche, ahuyenta abrazos de pasión.

La farola conoce todos los secretos de la vecindad.

La farola se calla, y sonríe cuando oye a la mujer que dice: ¡pues mi marido nunca me ha sido infiel!

La farola sabe muy bien quién fue el último en abandonar el bar, y que al llegar a su casa dice a su esposa que hoy tuvo reunión de trabajo.

La farola conoce las andanzas del cura y el alcalde.

La farola ha aprendido de caricias respondidas con “cachetes”.

La farola, observa y calla.

La farola de la calle, algún día, vieja ya, se irá a descansar y se llevará los secretos de amores y desamores, de traiciones, de disculpas mentirosas, de besos furtivos, de caricias imprudentes, de faldas más arriba de la cintura y de los encuentros fugaces del peluquero con la señora del marqués.

La farola va a escribir sus memorias, y, cuando las publique, el pueblo pedirá que desaparezca el alumbrado público.

(Chojesús)

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