Esa escalera

Mármoles
Recuerdo como nos contaban esa vieja historia, casi con lágrimas en los ojos, los más ancianos del lugar, sobrevivientes de aquella época siniestra.

Relataban como las madres depositaban las cenizas de sus propios hijos formando una escalera hacia el cielo, creyendo que con ello estarían más cerca de Dios.

Abandonadas ya de cualquier sentimiento de odio, miedo o esperanza, intentaban darle un sentido a sus muertes puesto que sus vidas no habían tenido ninguno.
Nacían para morir, y el trayecto entre estos dos puntos a veces era tan cercano que solo los diferenciaba una respiración.
Aquello merecía ser recordado, y que el recuerdo fuera el epitafio de aquella escalera fúnebre, sin embargo pronto se olvido todo, porque los únicos capaces de recordar son solo aquellos que vivieron lo suficiente como para hacernos partícipes de lo sucedido, no con palabras, sino con aquella mirada perdida y vacía de odio, miedo o esperanza.
Yo he visto esa escalera, he tenido en mis manos, susurrándole a mis dedos las cenizas de esos emigrantes de la vida tan tempranos.
Y he mirado el mundo, y he sentido terror tras despertarme de este sueño, porque todos habían olvidado.

(Mj)

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