Empezó el mundo

Camino cortado

 

Aquí todo está a la mitad

como la cabeza de mármol

del emperador romano

y el torso magro

de su protegido.

La forma en que la nube de humo

que no parece

tocar la tierra y la toca

voltea unos cuantos coches, un camión

y aprendemos a caminar millas

sobre nuestros cuerpos.

Las granjas de puercos desaparecen

luego las pequeñas colinas.

Como en los sueños de angustia

con gestos irrevocables

el conjunto en ruinas parece más grande

un palacio carbonizado, su mirada

omnipotente

y eterna. Qué bien

recordamos la escena

los actores deslizándose

como pequeños veleros, la balaustrada

enfriando nuestras palmas.

No son vuelos o cantos

sino una oscuridad rápida como la sangre.

Terminó en las yemas de nuestros dedos:

la valla dio paso

al bosque.

Empezó el mundo. 

(Francesca Abbate)

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