El repartidor


El butano

Llega el camión de reparto
y yo, asomada al balcón,
casi que me dá un infarto
al ver a ese mozarrón,
es nuevo, ¡y está cañón!

¿Dónde estará el de siempre,
aquel viejo, regordete,
medio calvo y con patillas?
Qué desastre! Está subiendo
y yo en bata y zapatillas!

Un repartidor macizo
me va a subir la bombona
por Dios, tengo que estar mona!
Un tío cachas, qué alegría
no se ve todos los días.

Abro la puerta y le digo:
al verle yo tan apuesto,
¿me la metes hasta dentro?
y él me la mete, atento,
la bombona, por supuesto.

Mientras le pago, le miro
y se me escapa un suspiro
le observo de arriba a abajo
pero él hace su trabajo
y no pasa del umbral,
“Qué,¿cambio de personal?”,
comento, pá romper el hielo,
pensando:”lo que te haría,
si te pudiera llevar
aunque fuera hasta el sofá”.

Va enseñando el pecho-lobo
la camisa medio abierta
tiene un poco cara bobo
que a sus músculos no afecta.
Yo, ya del todo despierta,
le doy una propina enorme
por si vuelve otra semana
y le pregunto su nombre.
Me dice que se llama Ernesto,
digo: “¿Es tuyo todo ésto?”,
señalándole yo a él.
“No, el traje es de la empresa”
me responde, sin entender.

Y al verle bajar la escalera
me lanzo como una fiera
pero, en seguida me paro,
“quieta”,me digo,”que lo espantas”
que la bombona butano
pedirás cada semana
y todas las que haga falta.

(Estrella Cabrera Z.)

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