El manuscrito

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No sé cómo llegó a mis manos

el manuscrito que había causado el abismo;

sólo puedo decir que apareció frente a mi alcoba

y cuando fui capaz de leer las primeras líneas

un entristecido sudor de dudas inundó mi espíritu.

Yo había muerto 2 ó 3 horas antes a causa

de la absenta y la necedad de los besos…

Creo que esa fue la causa, no pudo haber otra:

la muerte hace que aparezca junto a ti cosas

y seres inauditos, salidos de las dimensiones

que no podemos ver ni tocar ni oler…

En el epílogo una sentencia:

“Quemar después de leer”.

Y una vez leído y releído aquel manuscrito

lo quemé con alcohol añejo y fuego

de alma perdida en vida pasada.

…Entonces fue cuando alcancé la sabiduría

que reside en los ríos de agua tibia, con nereidas,

reyes de laminilla y ángeles que viven eternalmente.

(Alexander Vórtice)

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