El armario de las medicinas

Armario de las medicinas
Allí estaban, en efecto, los Hipofosfitos Salud y los Fósforo Ferrero, y el Laxen Busto, junto al Phoscao o Nescao, y las Sales de Fruta y los Hidrolitines del Dr. Grau de los mayores; es decir, que era el muestrario de las cosas buenas, porque luego había en una alcoba un odioso «armario de las medicinas», donde estaban el aceite de ricino, o el aceite de hígado de bacalao, y la caja metálica de Vitaminas Lorencin. Ésta llevaba pintada en su tapa una chica con un manojo de espigas entre sus brazos, y era mucho más de verdad que la chica que venía en el Fósforo Ferrero, que tenía una falda como de tela de colchones.

Y de tanta verdad era aquella chica que el médico la llamaba Elena, y me decía que un hombrecito como yo no podía quejarse de aquel doloroso líquido de las inyecciones delante de ella. Así que no me quejaba, y he sentido ahora no encontrarme con Elena…

(José Jiménez Lozano)

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