Calles mojadas

Calles mojadas
Y estas calles mojadas a qué juegan conmigo, a qué vienen
a resbalarme todas las moscas que han volado espalda
abajo, a qué se mojan si no huelo la lluvia ni siento los galpones
del viento ni me encuentro de un lado ni de otro.
A qué viene la lluvia a molestar mi siesta, impertinente,
cuando tantas manzanas se han podrido en mi cesto
de pantalón sin raya, casi a cuadros,
a qué juegan las rayas de esta casa
que se cae a jadeos, que acelera el agónico
estertor de mis noches, todo seso o domingo o cualquier fecha
sin sentido, ajena . Que las calles
mojadas se vayan a otra parte, por ejemplo
a algún sitio con calles, que no llueva la lluvia
nunca más en el pecho que se me ha ido del cuerpo.
Y dónde,
dónde está el corazón para peinármelo.
No lo digo por nada, es sólo que me acuerdo cuando llueve
de que tuve una casa más alegre y que estaba mojada,
remojada en otoño de todas las palabras que ya quedaron
mudas.

(José Zúñiga)

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