Boca de incendios

Boca de incendios
Un arco iris entra derramándose por mi ventana, estoy electrizado.
Las canciones estallan desde mi pecho, todo mi llanto termina, el misterio llena el aire.
Busco mis zapatos debajo de la cama.
Una gorda mujer de color se convierte en mi madre.
No tengo dientes falsos todavía. De repente diez chicos se sientan en mi falda.
Me crece la barba en un día.
Bebo una botella de vino entera con los ojos cerrados.
Dibujo sobre papel y siento que soy dos otra vez. Quiero que todos me hablen.
Vacío la basura sobre la mesa.
Invito a miles de botellas a mi cuarto, las llamo bichos de junio.
Uso la máquina de escribir como almohada.
Una cuchara se transforma en tenedor delante de mis ojos.
Los vagabundos me dan todo su dinero.
Todo lo que necesito es un espejo para el resto de mi vida.
Mis primeros cinco años viví a sopa de pollo con poca panceta.
Mi madre mostraba su cara de bruja por la noche y contaba cuentos de barbas azules.
Mis sueños me elevaban sobre mi cama.
Soñé que saltaba dentro del cañón de una pistola para pelear con una bala.
Me encontré a Kafka y saltó de un edificio para escapar de mí.
Mi cuerpo se volvió azúcar, vertido en el té descubrí el significado de la vida.
Todo lo que necesité fue tinta para ser un chico negro.
Caminé por la calle buscando ojos que acariciaran mi rostro.
Canté en los ascensores creyendo que estaba yendo al cielo.
Me bajé en el piso 86, caminé por el pasillo buscando culos frescos.
Mi acabada se convierte en un dólar de plata sobre la cama.
Miro por la ventana y no veo a nadie, bajo a la calle, miro mi ventana y no veo a nadie.
Así que le hablo a la boca de incendios, le pregunto: “¿Tenés lágrimas más grandes que las mías?”
Nadie alrededor, meo en cualquier lugar.
Mis cuernos de Gabriel, mis cuernos de Gabriel: desplieguen la alegría, mi alegre júbilo.

(Peter Orlovsky, Traducción: Griselda García)

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